Nuestro país, nuestros ciudadanos, nuestros familiares, personas sin afán de protagonismo tienen una de las cualidades más importantes del ser humano, la generosidad. Gracias a ella muchas personas dedican su tiempo libre, el espacio de ocio individual, a ayudar a personas necesitadas por diversos motivos.
El voluntariado tiene una gran misión, a veces no tan reconocida como todos quisiéramos, acompañar, consolar, escuchar y en algunos casos hasta compartir emociones muy personales y envasadas al vacío en cada uno de ellos.
Siempre tengo admiración por los voluntarios que me encuentro en el hospital o el domicilio, siempre hay una sonrisa, un abrazo, una mirada cómplice, ya que ambos sabemos lo que hacemos por el paciente y los familiares que asistimos. El arma terapéutica del voluntario es la comunicación y, más importante, el silencio mantenido en determinadas ocasiones.
A todos nos gustaría que este perfil de cuasi-profesionales, bien formados por las Unidades en la Asociación Española Contra el Cáncer, tengan cada vez más protagonismo y menos dificultades en los hospitales de la red pública y se facilite su labor.
Todos los que hemos tenido familiares con cáncer, todos los que estamos en este escenario de la vida y la muerte somos conscientes de su importancia. Por ello, este pequeño homenaje y reflexión: “En ocasiones tenemos dentro de nosotros un gran tesoro, el amor y la generosidad, que por motivos de la vida lo encapsulamos y mal utilizamos. Tomémonos un respiro y seguro que algo nos cambiará si estamos dispuestos a dar más de nosotros….nos cambiará la vida”
Luchemos todos juntos.

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